Sobre el mansplaining…

Mansplaining” fue seleccionada para la lista de palabras del año 2010 del The New York Times, nominado término más creativo del mundo en 2012 por la American Dialect Society, añadido a la versión online del Oxford Dictionaries en 2014 y tiene entrada propia en la Wikipedia.

El término Mansplaining es un neologismo anglófono basado en la composición de las palabras “hombre” y “explicar”, que se define como “Explicar algo a alguien, generalmente un hombre a una mujer, de una manera considerada como condescendiente o paternalista”.

También se entiende como “explicar sin tener en cuenta el hecho de que la persona que está recibiendo la explicación sabe más sobre el tema que la persona que lo está explicando. Este comportamiento suele darse de forma habitual por parte de un hombre hacia una mujer”.

El éxito y propagación del término se explican porque define un fenómeno que millones de mujeres en el mundo conocen bien y padecen a menudo.

En resumen, con cierta frecuencia, las profesionales se encuentran en situaciones en que un colega les explica amablemente algo acerca de lo que ellas tienen más conocimientos, como si ellas no supieran tanto como él. Ello refuerza la tendencia que las mujeres tienen a autocuestionarse y a autosilenciarse y alimenta la idea de que el discurso de los profesionales es más solvente que el de sus colegas mujeres.

Y ello porque existe un estereotipo de género según el cual los hombres son normalmente más cultos o más inteligentes que las mujeres y porque las mujeres son educadas para ocultar lo que saben.

En Factótum Consulting coincidimos en lo acertado del término porque todos hemos vivido situaciones como éstas, con sorpresa y estupefacción.

Extraído del informe de CaixaBank y Wengage “Comunicación igualitaria. El reto de las relaciones interpersonales”. 1ª edición: 2018.

La importancia (real) de la Propiedad Intelectual…

La propiedad intelectual es el nombre genérico que reciben los diferentes derechos sobre las creaciones planificadas del individuo.

Entre ellos: las marcas (signos y/o palabras que identifican productos y servicios), los diseños (formas, apariencia estética de un producto), las patentes (producto o tecnología inventada o el beneficio que genera ese objeto) y los derechos de autor (software, programas y las ideas si se ordenan y difunden mediante un libro).

Una encuesta realizada por la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (Ueipo) en 2015 indicó que sólo el 9% de las pymes europeas tienen registrada su marca, fundamentalmente por desconocimiento sobre los derechos de PI y sus beneficios o riesgos que evitan.

Es una visión eurocéntrica que, sin embargo, probablemente empeore en algunas zonas del mundo, por lo que hay que estar siempre muy atentos a los activos de las empresas en las que trabajamos o por las que luchamos cada día.

El riesgo económico de no tener protegidos nuestros derechos y de infringir, incluso por desconocimiento, los de terceros es enorme y puede suponer el cierre del negocio por imposibilidad de hacer frente a las eventuales indemnizaciones, procedimientos judiciales, asesoramiento legal, etc.

Recordemos que un buen comerciante debe tener en orden, entre otros, sus activos de Propiedad Intelectual y revisarlos, por lo menos, anualmente (en función de nuevos lanzamientos, apertura de nuevos mercados, volumenes de venta,…). Es una de sus múltiples responsabilidades. Aunque estemos pensando en un autónomo.

En Factótum Consulting nos encanta auditar vuestras carteras o bien asesoraros sobre la mejor forma de proteger vuestras creaciones y productos allí dónde sea necesario. Ni más, ni menos… (info@factotum.barcelona).